Incontinencia urinaria

Incontinencia Urinaria

Las pérdidas de orina son un problema que afecta a buena parte de las mujeres. Embarazos, obesidad o malas posturas son algunas de sus causas. La mayoría de las incontinencias se corrigen fácilmente

La publicidad llama cuando sus potenciales clientes se encuentran ante el televisor. Un clásico de sobremesa es Concha Velasco anunciando compresas para sobrellevar la incontinencia urinaria. Aunque la actriz haya puesto su imagen a estas campañas, muchas mujeres continúan viviendo su situación en silencio. Procuran tener siempre un baño cerca, no darle importancia y esconderlo. “Sigue siendo tabú y hay mucho desconocimiento. Los medios nos podéis ayudar”, afirma Jorge Ruiz Caballero, especialista del área de suelo pélvico del Instituto Universitario Dexeus. Cree que incluso los médicos de cabecera deberían detectarlo con mayor frecuencia. “La mujer solo lo dice si el médico pregunta”, apunta. A su consulta llegan casos que si se hubiese actuado antes, se habrían corregido fácilmente.

Se logra hasta un 80% de éxitos empleando sólo fisioterapia

La incontinencia urinaria afecta a una de cada 10 mujeres entre los 26 y 65 años. Este porcentaje crece conforme aumenta la edad

Los partos, aunque sean con cesárea, aumentan las pérdidas

El suelo pélvico está formado por un grupo de músculos y ligamentos que sostienen diversos órganos, como la vejiga urinaria. También intervienen en la contracción voluntaria de los esfínteres. Si el suelo pélvico no tiene el tono muscular y la elasticidad adecuados, no puede realizar correctamente estas funciones. Su deterioro puede deberse a varios factores. El principal, el embarazo. Aunque con la edad, la mujer va perdiendo tono en esta zona.

En España afecta a un 10% de las mujeres entre 25 y 64 años. Entre los 65 y los 74, al 27% de ellas. A partir de los 75 años conviven con este problema un 41,8% de las mujeres españolas.

“El gran problema es que las pacientes ven limitada su calidad de vida, sufren más episodios de infección urinaria, padecen limitaciones físicas (entre otras, no pueden hacer ejercicio porque se les escapa la orina) e incluso pueden sufrir problemas emocionales que requieran tratamiento psicológico”, observa Ruiz. “Por eso estamos insistiendo en que los anuncios de compresas lancen al final un mensaje: ‘consulte a su médico”, añade.

La incontinencia urinaria de esfuerzo se debe a la incidencia de factores que hacen que recaiga un mayor peso sobre la musculatura de la zona. Se incrementa el riesgo con el embarazo, el parto y la obesidad. También los impactos repetitivos sobre la pelvis, como la práctica de deportes de impacto o padecer enfermedades pulmonares obstructivas crónicas en las que se tose continuamente. A todo esto se debe sumar que, con la edad, se puede producir un déficit de colágeno que debilita la musculatura e incrementa la posibilidad de que exista un debilitamiento. Los especialistas creen que en la aparición de este déficit existe una predisposición genética aún poco estudiada, explica Ruiz.

La prevención es la primera herramienta para combatirla. “Toda prevención es poca”, afirma Ruiz. Empezaría en el embarazo. La mujer debe corregir la curvatura de la columna, la hiperlordosis que muchas veces se da, para así evitar que recaiga tanto peso sobre la pelvis. Si se permanece sentada durante mucho rato, la presión en la zona también es mayor. “Debe compensarse haciendo ejercicio físico”, observa el experto. También se recomienda realizar ejercicios que fortalezcan el suelo pélvico. Y aprender posturas que faciliten la expulsión durante el parto y que eviten intervenciones que pueden influir, como la episiotomía o la cesárea. “Antes se pensaba que la cesárea protegía, pero no es así, también se ve afectado el suelo pélvico”, apunta el especialista.

Después de dar a luz, pasada la época de reposo necesaria para que la musculatura vuelva a su sitio durante la cuarentena, se deben realizar ejercicios. Los más conocidos, la tabla de Kegel. Se recomiendan no solo tras el parto, sino para toda mujer que padezca incontinencia. “El 80% de los éxitos los conseguimos con fisioterapia”, asevera Ruiz.

A lo largo de la vida también se recomienda tomar medidas preventivas. Evitar el sobrepeso puede minimizar los efectos. Una idea errónea, y aún hoy demasiado extendida, es que aguantar la orina para contraer los músculos ayuda a prevenir. Pero no es nada recomendable porque puede ocasionar otros problemas, como infecciones de orina e, incluso, empeorar la situación.

La mujer puede verse afectada en diferentes grados. Los casos leves y moderados se pueden corregir con ejercicios, medicación y cambiando algunas causas, como puede ser la obesidad. Cuando se trata de un atrofia vaginal relacionada con la edad, se pueden aplicar cremas estrogénicas. En los casos más graves se puede llegar a practicar la cirugía. “Se trata de técnicas mínimamente invasivas”, afirma Ruiz. Consiste en implantar una malla debajo de la uretra para que forme una base que sujete.

Caso aparte es otro tipo de continencia urinaria, la vejiga hiperactiva. En estos casos, aunque la orina no se escape, sí que resulta necesario acudir al lavabo con mucha frecuencia. La vejiga se activa sola. El problema está en que el circuito del sistema nervioso central (SNC), que se encarga de activar la orden para sentir ganas de orinar, no funciona correctamente. Como consecuencia, se activa cuando no debe. La causa puede estar en diferentes patologías del SNC, desde tumores cerebrales, esclerosis múltiple o incluso paraplejia. También puede ocurrir por la ingesta de algunos fármacos o por abusar de alimentos y bebidas excitantes o diuréticas. En estos últimos casos se soluciona cuando se dejan de tomar.